La Occulture; la cultura de lo oculto
La ocultura reúne dos pilares del conocimiento que caminan de la mano: por un lado, lo oculto y, por otro, la cultura; es decir, la cultura de lo oculto convertida en una auténtica raíz de sabiduría.
Occulture surge como un concepto estético, histórico y filosófico que busca explicar la presencia de lo oculto en la cultura contemporánea. El término suele atribuirse a Genesis P-Orridge, cofundadora y artista trans de la banda de culto Psychic TV en los años ochenta, y posteriormente fue desarrollado desde el ámbito académico por Christopher Partridge, profesor de la Universidad de Lancaster. Una de las principales características de la ocultura es la convergencia entre el pensamiento esotérico y ocultista y la cultura popular.
Partridge introdujo el concepto de occulture en su investigación académica a través de su obra en dos volúmenes The Re-Enchantment of the West: Alternative Spiritualities, Sacralization, Popular Culture and Occulture (2004). Sin embargo, el trasfondo hermético que describe este concepto ha estado presente desde hace mucho tiempo en nuestra cultura, y el arte ha sido uno de los grandes depositarios de esos significados ocultos.
La ocultura constituye un componente profundamente contracultural que ha dotado de nuevos significados al cine de culto, la música underground y el arte hermético, entre muchas otras manifestaciones.
Dentro de las artes sonoras ha ejercido una influencia notable en el rock psicodélico, el rock cósmico, el krautrock, la electrónica de vanguardia, la música dub, el heavy metal y subgéneros como el dark metal y el post-rock. También está presente en la creación artística vinculada con la monstruología, del mismo modo en que la ciencia ficción ha construido imaginarios alrededor de vampiros, zombis y otros seres fantásticos.
Durante mucho tiempo, el término se utilizó como sinónimo de ocultismo más que como un concepto asociado a su representación en las obras de arte. Sin embargo, la ocultura también dialoga con el estudio académico del hermetismo y el esoterismo, disciplinas que hoy cuentan con importantes espacios de investigación, como los desarrollados en la Universidad de Ámsterdam. Asimismo, investigadoras como Nina Kokkinen han empleado este concepto para analizar obras creadas por artistas que buscaban una verdad velada en el arte como vía de revelación. Incluso Alan Moore participa de esta tradición intelectual al reivindicar el valor del pensamiento mágico dentro de la creación artística, como sostiene en Ángeles fósiles (2014).
Por su parte, Javier Sierra, en su artículo En defensa de la ocultura (2022), sostiene que uno de los ejemplos más claros para comprender el neologismo occulture son los símbolos que rodean la tumba de Tutankamón. Para Sierra, aquello en lo que creemos transforma profundamente nuestra manera de actuar, y en esa relación entre creencia, símbolo y conducta reside una parte esencial del significado de la cultura de lo oculto.
Comprender la ocultura implica comprender por qué el ocultismo nunca desapareció de Occidente: simplemente cambió de lenguaje. Hoy habita en el cine, la música, la literatura, el arte contemporáneo, la moda y las nuevas espiritualidades.
La cultura de lo oculto constituye una pista para interpretar muchos de los imaginarios dominantes de nuestra época, pues estos suelen estar impregnados de una sabiduría ancestral a la que únicamente podemos acceder mediante el pensamiento crítico, la búsqueda más allá de los discursos masivos y la voluntad de aproximarnos a aquello que el esoterismo ha propuesto desde siempre: el conocimiento de nosotros mismos.
La ocultura no pretende reemplazar el pensamiento racional por la creencia, sino recordar que los símbolos, los mitos y la imaginación también forman parte de la manera en que construimos el mundo. Allí donde la cultura dominante ofrece respuestas inmediatas, la ocultura invita a formular mejores preguntas.
Alejandra Soto
